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El Blog de Daniel Higa Alquicira

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El Blog de Daniel Higa Alquicira

Más pobreza, desempleo y desigualdad, la nueva realidad de la pandemia

Más pobreza, desempleo y desigualdad, la nueva realidad de la pandemia

Cuando en las películas de ciencia ficción la temática era una pandemia que ponía en peligro la vida de millones de personas, que afectaba a todo el planeta, donde los gobiernos tenían que tomar medidas extremas para frenar las muertes o los contagios y el mundo literalmente estaba a punto del colapso, siempre encontraban una cura milagrosa para salvar a la humanidad y el futuro era esperanzador.

Lo que no vemos en esas historias y creímos que nunca lo íbamos a ver, es el hecho de que tras una pandemia el panorama es aún peor que la propia enfermedad. Históricamente las diferencias sociales siempre han existido y la desigualdad ha sido clave en la conformación del sistema de convivencia, al menos desde el descubrimiento de la agricultura que dio pie a la acumulación de bienes materiales y luego con la evolución de la humanidad, hasta el punto en donde hay una minoría multimillonaria y el gran grueso de la población que no tiene ingresos suficientes para alcanzar una línea de bienestar general.

Pero sucede que en esta etapa en la que nos encontramos, en donde se lograron fortalecer las instituciones y los marcos legales con la finalidad –o ilusión- de reducir estas desigualdades sociales, gracias a que también vivimos en una era de abundancia material y de alimentos sin precedente en la historia, el coronavirus nos ha restregado en la cara que nada de esto ha funcionado y que el riesgo de perder todo para millones de personas, se multiplica exponencialmente gracias a esta pandemia.

De acuerdo a cifras del Banco Mundial (BM), esta crisis puede arrastrar entre 70 y 100 millones de personas a la pobreza extrema, ya que “la pandemia representa el mayor golpe económico que el mundo ha experimentado en décadas, provocando un colapso de la actividad global", dice la institución financiera.

Lo más grave de todo, es que las personas que pierdan su empleo o su fuente de ingreso, corren el riesgo de no poder unirse nuevamente al mercado laboral formal de manera inmediata o al menos en el corto plazo, debido a que no habrá manera de recuperar las fuentes laborales existentes hasta antes de la pandemia.

El efecto económico “puede ser duradero ya que va a tomar un tiempo considerable reparar los daños en el mercado laboral, la cadena de valor, las hojas de balance (de las empresas) y restaurar la confianza del consumidor", concluyó el estudio del BM.

Para países donde la informalidad es una de las principales fuentes laborales, esto significa que muchas personas no podrán conseguir dinero o alimentos en el día a día, aumentando su vulnerabilidad ante la COVID-19  y no solo por exponerse más de lo debido ante la necesidad económica, ya que están obligados a relajar las medidas de higiene y distanciamiento social, sino incluso por la falta de acceso a sistemas de salud.

Esto también provoca una brecha que se ha hecho muy evidente entre las personas que tienen un empleo estable con ingresos seguros, en comparación con los que tienen otros oficios que implican cierto riesgo para la salud por la función que realizan en medio de la pandemia; y en otro sector se encuentran los menos favorecidos, los que en realidad no tienen nada.

“La gente más cualificada tiene empleos que puede seguir ejerciendo casi de la misma manera. Nosotros podemos hablar con la gente por Zoom y que nos paguen igual”, asegura Angus Deaton, premio Nobel de Economía y profesor en la universidad estadounidense de Princeton.

Y agrega: “En cambio, en el caso de los trabajadores menos cualificados, los llamados trabajadores esenciales (repartidores, conductores, cajeros, personal médico...), arriesgan su vida a causa de la COVID-19, los otros corren el riesgo de perder su empleo”.

En este último sector, el economista considera que “la tasa de mortalidad también aumentó para las personas sin ningún título de estudios superiores -sobre todo los trabajadores esenciales expuestos, porque no están confinados-, mientras que baja para los graduados en [educación] superior. Y esto va a empeorar”.

Estas brechas laborales y económicas, también son una señal de alarma ya que las condiciones después del confinamiento, se van a agrandar acelerando la posibilidad de que la vida de millones de personas esté en riesgo de manera permanente ante el coronavirus, incluso cuando exista una eventual vacuna.

En ese sentido, la revista médica The Lancet Global Health, realizó un estudió en donde determinó los factores de riesgo que hacen más o menos vulnerables a las personas en entornos determinados, donde incluyeron el estado de salud, la edad y el sexo, pero también el país en donde viven y las condiciones socioculturales.

Sus datos revelan que 22% de la población mundial, unos 1.700 millones de personas, “presentan al menos un factor de riesgo que los vuelve más susceptibles de contraer una forma grave de COVID-19”. Pero lo más alarmante es que entre estos, “349 millones de personas están particularmente expuestas y necesitarían ser hospitalizadas si se contagiaran con el virus”.

El panorama social y económico es complicado. La devastación que ha provocado la pandemia desde el punto de vista humano, social y emocional, también se conjuga con esos otros factores que hacen suponer que el retorno a las actividades cotidianas y a la “nueva normalidad”, será mucho más sorprendente que los finales de esas películas de ficción.

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