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El Blog de Daniel Higa Alquicira

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El Blog de Daniel Higa Alquicira

La desconfianza hacia los gobiernos, el otro efecto del coronavirus

La desconfianza hacia los gobiernos, el otro efecto del coronavirus

La crisis del coronavirus ha sido realmente un golpe seco y brutal para el mundo moderno. No solamente modificó las relaciones sociales, también detuvo la globalización al menos por unos meses, obligó al cierre de fronteras, confinó a las personas en sus casas y ha contagiado ya a cerca de 5 millones de personas en todo el mundo, acumulando más de 300 mil muertos y las cifras seguirán creciendo.

Pero además, evidenció que hasta antes de la crisis las decisiones de los gobiernos principalmente los occidentales, estuvieron orientadas –y tal vez sigan así en el futuro cercano- a implementar modelos económicos alejados de la realidad social. El descuido a los sistemas sanitarios y el paulatino empobrecimiento de un grupo considerable de la sociedad, han sido el efecto más evidente y se ha agravado con esta pandemia.

Aunado a esto, en la mayoría de los países de América Latina y en otras regiones del mundo con naciones en vías de desarrollo con instituciones frágiles, el sistema político se ha contaminado con dosis mortales de corrupción, beneficiando aún más a una pequeña élite que se ha enriquecido como nunca antes en la historia de la humanidad.

Paradójicamente, vivimos en una era política en donde el sueño de la democracia se materializa en  gobiernos y organismos legislativos elegidos por el voto ciudadano y que en teoría, representan a la sociedad y velan por su bienestar.

Sin embargo, el coronavirus también evidenció que a pesar de que los gobernantes son el resultado de procesos electorales limpios y transparentes –o al menos eso nos hacen ver-, la sociedad no cree en ellos, desconfía de sus decisiones, pone en tela de juicio sus acciones y de manera generalizada en prácticamente todo el mundo occidental, la gente acata las medidas sanitarias pero las ve como una amenaza real, mucho más peligrosas que el propio coronavirus.

Esta crisis también ha ratificado lo que se preveía, que los que ocupan el poder político y los gobernantes, pertenecen más a las élites que al grueso de la sociedad, a la que en teoría le deberían de responder por sus acciones.

De acuerdo a su origen etimológico, “democracia proviene de las palabras griegas ‘demos’, es decir, las personas, y ‘kratos’ que significa poder; por lo que la democracia pueda ser definida como ‘el poder del pueblo’: una forma de gobernar que depende de la voluntad del pueblo”, según lo define el Consejo Europeo.

A estas alturas, esta definición parece ser solo una cuestión teórica que nada tiene que ver con la realidad. Pero que se justifica ya que aplica de manera perfecta a lo que se denomina democracia electoral, en donde los ciudadanos salen a votar y eligen a sus autoridades, pero no llega a transformarse en un modelo de organización social en donde la gran mayoría salga beneficiada por las decisiones que toman precisamente las autoridades.

En resumen, las personas no creen en sus gobernantes y lo peor es que los que están sentados en las sillas doradas del sistema, no tienen la menor preocupación de lo que pueda representar este distanciamiento, ya que el poder político está prácticamente blindado a cualquier protesta o malestar social.

Pero ahora que surgió el SARS-COV-2 y la enfermedad COVID-19, la sensación de la sociedad es que en general, los gobiernos no han actuado bien para enfrentar la crisis o no creen en las medidas sanitarias, dudan de las cifras de contagios y muertes; pero en el peor de los casos, hay gente que asegura que esto fue creado por las propias autoridades –no importa de qué país se trate- para contagiar y eliminar a las personas, por lo que no solamente no les creen, sino que asumen que ellos son los culpables de todo.

Entonces la ruptura ha sido muy evidente y en algunos casos muy graves, ya que tal como lo explica Kai Kupferschmidt, corresponsal de la revista Science, esta pandemia “ha prosperado en esta idea de que realmente no se puede confiar en los que están en el poder... Realmente erosionó algo básico que necesitas en salud pública, que es la confianza”.

Y no solo en la salud, sino en todo lo relacionado a las políticas públicas, ya que más allá de las medidas sanitarias urgentes y necesarias, las personas en general no creen en las estrategias económicas y sociales que han planteado los gobiernos –no importa si es en México u otros países de América Latina, Europa, Asía o los propios Estados Unidos- para solventar la grave recesión la que nos vamos a enfrentar cuando se dé el regreso a lo que será una nueva manera de vida tras el confinamiento.

Con estas dudas y desconfianzas, la democracia también salió en cierta parte dañada por el coronavirus, pero sobre todo confirmó que el sistema político actual no representan ni las necesidades ni los ideales del gran grueso de la sociedad.

 

 

 

 

 

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